Nuestra Señora del Arbusto, Portugal, (1118)

14 de Julio



La advocación de Nuestra Señora del Arbusto, conmemorada el 14 de julio, se origina en Portugal en el año 1118. Esta devoción se basa en la aparición milagrosa de una imagen de la Virgen María en medio de un arbusto en llamas, avistada por un pastor. Esta figura, como muchas otras en la península ibérica, había sido escondida durante la invasión musulmana.

La leyenda cuenta que un pastor, mientras pastoreaba sus ovejas en un sitio que había sido un campamento cristiano en guerras anteriores, escuchó una voz dulce que lo atrajo hacia un arbusto en llamas. En medio de las llamas, vio una estatua de Nuestra Señora. La Virgen le dio dos mensajes: uno para él y otro para el obispo. El pastor llevó la imagen a la ciudad para informar al obispo y luego regresó al campo para construir una pequeña ermita en honor a la estatua, utilizando todo lo que tenía. Comenzó a realizar oraciones públicas a María, tal como ella se lo había indicado.

La devoción a la Virgen creció rápidamente, atrayendo a tantas personas que pronto fue necesario construir una capilla más grande. Varios milagros asociados a la imagen impulsaron las peregrinaciones, lo que llevó al obispo Vasquez Perdigon a ordenar la construcción de una iglesia y un monasterio en el lugar en 1403. Estos fueron confiados a los monjes de San Jerónimo.

En 1458, el rey Alfonso V de Aragón, durante una cruzada contra los moros, prometió enriquecer el santuario si salía victorioso. Después de ganar la batalla, en agradecimiento, hizo mucho para enriquecer y popularizar el santuario de Nuestra Señora del Arbusto. Cabe destacar que Alfonso V fue un firme defensor de Skanderbeg, proporcionándole hombres y materiales en su lucha contra las invasiones turcas en Europa.

La historia de Nuestra Señora del Arbusto no solo refleja la profunda fe y devoción de la gente durante la reconquista, sino también la importancia de los santuarios marianos como centros de peregrinación y milagros. La aparición de la Virgen en medio de un arbusto en llamas simboliza la protección y guía divina, y el santuario construido en su honor se convirtió en un lugar de gran significación religiosa y cultural.

Esta advocación es un ejemplo más de cómo la devoción a la Virgen María ha jugado un papel crucial en la espiritualidad y en la historia de la cristiandad, sirviendo como fuente de inspiración y esperanza para los fieles en tiempos de adversidad.