Nuestra Señora de las Lágrimas de Siracusa

1 de Abril

Esta advocación no alude a una aparición de la Virgen, sino a un fenómeno prodigioso que tuvo lugar el 29 de agosto de 1953 en Siracusa (Sicilia)

Un fenómeno prodigioso tuvo lugar el 29 de agosto de 1953 en la casa de un obrero en Siracusa (Sicilia). Durante cuatro días un cuadro de yeso con la imagen del Corazón Inmaculado de María derramó lágrimas humanas, hecho que fué constatado por una comisión de médicos.

HISTORIA:
Antonia Giusto y su marido Angelo Iannuso se casaron y fueron a vivir a Siracusa provisoriamente con su madre y su hermano. Ellos eran muy pobres. Uno de los regalos de boda fue un cuadro de yeso con la imagen del Corazón Inmaculado de María. Para cuando Antonina descubrió que estaba embarazada, parte de sus cambios físicos incluyeron toxemia que de vez en cuando le producía ceguera momentánea. Los doctores afirmaban que esto se debía al embarazo dificultoso y la aconsejaban de meterse en cama y no salir de allí. Antonia encontró un refugio en la plegaria, y su marido se le burlaba al respecto.

El 29 de agosto de 1953 ella empezó con retortijones espantosos que duraron mucho más de lo esperable. La gente que estaba con ella la urgía a que buscara a su marido y al doctor. De pronto la paciente se calmó. Antonia sufrió un ataque que la dejó ciega. Alrededor de las 8:30 su vista estaba normal nuevamente. En ese momento del día 29 de agosto y hasta el 1º de septiembre de 1953, el cuadro de yeso, que representaba el Corazón Inmaculado de María, a la cabecera de la cama en la casa de Angelo y Antonia, lloró lágrimas humanas.

Antonia cuenta que: “Abrí mis ojos y miré a la imagen de la Santísima Virgen por arriba del cabezal de la cama. Para mi gran sorpresa la imagen estaba llorando. Llamé a mi cuñada Grazia y a mi tía Antonina Sgarlata que vino a mi lado señalando las lágrimas. Al principio creyeron que se trataba de una alucinación debida a mi enfermedad pero cuando yo insistí y ellas se acercaron a esa placa pudieron ver claramente que había lágrimas reales cayendo de los ojos de la Madonna, y que algunas lágrimas caían primero por sus mejillas y luego directamente a la cama. Aterrorizadas llamaron a los vecinos, y ellos confirmaron el fenómeno..."

Todos los miembros de la familia fueron llamados y todos pudieron constatar el milagro. Antonia se quedó mirando a nuestra Madre Celestial por varias horas atestiguando el milagro, mientras que limpiaba las lágrimas que iban cayendo sin cesar. Primero fueron contenidas las lágrimas con un pañuelo y luego con algodón. La “Madonna“ lloró durante 4 días, desde el 29 de agosto al 1º de septiembre y atrajo a miles de peregrinos a Siracusa.

LA INVESTIGACIÓN:

El domingo 30 de agosto, el 2º día de las lágrimas. Nicola Guarino, un cameraman de Siracusa, con su cámara documentó en 300 cuadros o fotogramas la Lacrimación. En esas imágenes se puede ver la forma y el fluir de las lágrimas. El ojo humano se podría dejar sugestionar, pero el objetivo de la cámara retrata lo que ocurre con objetividad. Siracusa es uno de los pocos eventos en que las lágrimas están documentadas.

El 1 de septiembre se reunía un grupo de distinguidos clérigos, cuatro hombres de ciencia y tres testigos de gran reputación, para así formar una comisión investigadora en nombre del Arzobispado. La comisión se reunió en la casa de los Iannuso a la mañana con el fin de estudiar el fenómeno y sacar una muestra de las lágrimas para ser analizadas. Después de haber tomado el líquido que surgía de los ojos de la imagen, se hizo un análisis microscópico. La respuesta de la ciencia fue: "las lágrimas son humanas". Ell cura párroco dio fe que los doctores juraron por la Biblia en cuanto a la veracidad de lo analizado. Tras el estudio científico de la imagen dejó de llorar. Fue el cuarto día.

LOS MILAGROS Y RECONOCIMIENTOS:
Los pedazos de algodón que habían enjugado las lágrimas de la Madonna que llora fueron enviados a varios lugares alrededor del mundo, y en muchos se produjeron varios milagros. Uno de ellos fue en España. La primera persona en experimentar un milagro fue la propia Antonina Iannuso, se recuperó totalmente de una severa toxemia y más adelante en el tiempo dió a luz a un muy saludable hijo, el 25 de diciembre de 1953.

El fenómeno fue declarado auténtico el 12 de diciembre del mismo año, por los obispos de Sicilia reunidos en conferencia episcopal. La Virgen de las Lágrimas fue aprobada por el Papa Pío XII el 17 de octubre de 1954.

1994: El Papa Juan Pablo II consagró el santuario. Recordó el “milagro de las lágrimas" ocurrido hace 40 años (1953). El Papa Juan Pablo II la invocó para pedirle protección para “quienes tienen más necesidad de perdón y reconciliación” y para que lleve “concordia a las familias y paz entre los pueblos”. El Papa añadió: “A ti, dulce Virgen de las Lágrimas, presentamos a la Iglesia y al mundo entero. Enjuga las lágrimas que el odio y la violencia provocan en muchas regiones de la Tierra, especialmente en el Medio Oriente y en el Continente africano

En el año 2003, Un enviado especial de Juan Pablo II concluyó las celebraciones del Año Mariano de Siracusa en el Santuario de la Virgen de las Lágrimas, 50 años después del milagro.

El santuario fue consagrado con motivo de su visita a Siracusa (noviembre de 1994), por el Santo Padre: Juan Pablo II.

Nuestra Señora de Laval (1646)

10 de Abril


La estatua de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, tan venerada por el pueblo filipino, se conoce como Nuestra Señora de Laval. Esta imponente estatua, de 1,5 metros de altura, está tallada en madera noble, aunque los rostros y las manos de la Virgen y el Niño son de marfil. La Virgen sostiene un cetro y un rosario dorado, y tanto la Madre como el Niño visten exquisitos mantos y túnicas doradas ricamente bordadas con hilo de oro.
La hermosa estatua fue esculpida por un hombre que no era ni filipino ni católico, y fue encargada en 1593 por el gobernador español de Filipinas. El artista chino, quien le otorgó a la Virgen rasgos algo asiáticos, fue bien recompensado por su trabajo, incluyendo su conversión a la Verdadera Fe por intercesión de la Santísima Madre.

«Hermosa y hermosa eres, terrible como un ejército en formación de batalla», canta la Santa Madre Iglesia en su Oficio, y ciertamente María lo demostró en la batalla de «La Naval» (o Laval), en 1646.

Fue mientras los españoles aún gobernaban las islas que se enteraron de que una flota de cinco buques de guerra holandeses navegaba hacia Manila. Los holandeses, empeñados en saquear y posiblemente conquistar, navegaron con sus buques de guerra peligrosamente cerca de las costas de las Islas Filipinas. Tanto para los filipinos, recientemente convertidos a la fe católica, como para los conquistadores españoles, desprovistos de armas suficientes y sin buques de guerra, una invasión con fines de saqueo o conquista representaba una seria amenaza. Los holandeses eran protestantes, odiaban a los católicos y no había galeones españoles en la zona para defender las islas. Solo había dos barcos de carga, lo suficientemente grandes como para transportar cañones y mal equipados con unos pocos, que ciertamente no se parecían en nada a los famosos galeones españoles con varias baterías de grandes cañones. Aun así, eran lo único disponible para preservar su fe y su patria, por lo que se prepararon para la batalla lo mejor posible.

Los barcos de carga fueron rebautizados como «La Rosario» y « La Encarnación », y puestos bajo la protección especial de Nuestra Señora del Santísimo Rosario. En los altares construidos en cubierta, los marineros portaban la imagen de su amada Reina y allí, de rodillas, oficiales y tripulación rezaban el Rosario diariamente y se consagraban a La Naval, Nuestra Señora del Santo Rosario.
Los cinco buques de guerra holandeses estaban bien equipados con cañones, armas de fuego y marineros, pero cuando se encontraron con los dos barcos de carga españoles que navegaban directamente hacia ellos, todos huyeron inexplicablemente de la zona a toda prisa. Los defensores españoles y filipinos regresaron a casa victoriosos, alabando a Nuestra Señora por su protección.

Durante los meses siguientes, los dos barcos de carga patrullaron las aguas para proteger sus islas. Un día de julio, se alarmaron al descubrir que habían quedado atrapados en un estrecho paso por siete buques de guerra holandeses. Los holandeses no se acercaron para atacar, así que los hombres de los cargueros esperaron y juraron que, si salían victoriosos en la batalla, irían todos descalzos en peregrinación a la Iglesia de Santo Domingo para agradecer a Nuestra Señora del Rosario. Por intercesión de Nuestra Señora de La Naval, los barcos holandeses abandonaron la zona y se dirigieron a Manila sin siquiera haberles disparado. Los dos cargueros los persiguieron y, una vez más, los holandeses se retiraron humillados. Tan pronto como los vencedores llegaron a casa, cumplieron agradecidos sus votos y emprendieron la peregrinación.

Tras el tercer encuentro con la flota holandesa, los habitantes de Manila comenzaron a llamar a los cargueros «los galeones del milagro».Y un cuarto enfrentamiento y victoria pareció confirmar el nombre. Sin embargo, no iba a ser tan fácil, pues los holandeses habían preparado una flota de quince buques de guerra. Esta vez, con una superioridad numérica abrumadora, estaban decididos a atacar y restaurar su honor y orgullo. Resueltos a luchar y derrotar a su enemigo a cualquier precio, tuvieron la suerte de encontrarse con los dos cargueros mientras estaban anclados. Con el viento en contra, no podrían moverse. Las tripulaciones de los cargueros estaban soltando las amarras y preparándose para la batalla cuando los holandeses se abalanzaron sobre ellos, con todas las ventajas.

Manteniéndose firmes, los marineros españoles y filipinos respondieron sin temor al fuego enemigo mientras las balas de cañón caían a sus pies destrozando la cubierta o impactando contra las grandes vigas que sostenían sus voluminosos barcos. El humo de su fuego de respuesta les hacía llorar y les nublaba la vista. Los Ave Marías se mezclaban con el rugido de la batalla; las cuentas del Rosario colgaban del cuello de los hombres mientras se lanzaban con valentía a la refriega. Disparando y rezando sin cesar a medida que avanzaba el día, soportaron las repetidas andanadas del enemigo y respondieron con fuego certero que repelió a los buques de guerra más cercanos, mientras que otros se retiraban en llamas, dejando una densa estela de humo. Cuando la batalla finalmente terminó, los holandeses fueron puestos en fuga una vez más y solo quince de las fuerzas filipino-españolas murieron. Los dos modestos buques de carga, incapaces de moverse, habían combatido y derrotado al enemigo de forma tan contundente que se retiraron maltrechos para no regresar jamás.

Esta victoria naval en Manila guarda muchas similitudes con la gran victoria naval de Lepanto, atribuida también a la intervención de la Virgen María y al poder de su Santo Rosario. En ambos casos, la Virgen defendió milagrosamente a los marineros que depositaron su confianza en ella y les concedió la victoria.

Agradecidos a su protectora celestial, Nuestra Señora de Naval, los hombres cumplieron sus votos tras la batalla, que consistían en ir descalzos a la Iglesia de Santo Domingo en Manila e instituir una fiesta pública y perpetua en honor a la Madre de Dios. Hasta el día de hoy, los filipinos han cumplido esa promesa, pues desde aquel memorable momento, la han hecho suya, el juramento de sus heroicos antepasados.

El 9 de abril de 1662, el cabildo catedralicio de la arquidiócesis de Manila declaró la victoria naval como un acontecimiento milagroso debido a la intercesión de la Virgen María, declarando:

Concedido por el Soberano Señor por intercesión de la Santísima Virgen y devoción a su Rosario, que los milagros sean celebrados, predicados y conmemorados en festividades y que sean relatados entre los milagros obrados por la Virgen del Rosario, para una mayor devoción de los fieles a Nuestra Santísima Virgen María y a su Santo Rosario.

Nuestra Señora de Naval en la Catedral de Santo Domingo. La estatua se encuentra entronizada sobre el altar mayor durante el mes de octubre.
San Pío X otorgó a la estatua la coronación canónica en 1907 y el gobierno filipino ha designado a Nuestra Señora de Naval como Tesoro Nacional.

La Iglesia de Santo Domingo sufrió daños en varias ocasiones por incendios y terremotos, y finalmente fue destruida por las bombas en 1941; sin embargo, ¡la estatua nunca ha sufrido daños! Nuestra Señora de La Naval es actualmente venerada por el pueblo filipino en la nueva Iglesia de Santo Domingo en Ciudad Quezón, a pocos kilómetros de Manila.


Nuestra Señora de la Divina Providencia, Cussanio, Italia (1856)

5 de Abril


En el lugar donde ahora se encuentra el Santuario, un pobre sordomudo, de aspecto vulgar y baja estatura, vestido con un hábito tosco, solía llevar a los animales a pastar. Nadie se preocupaba por él, pero el 8 de mayo de 1521, Bartolomé Coppa vio a una Dama vestida de blanco que venía a su encuentro. Ella se le acercó con afecto maternal y lo bendijo con la palabra. Luego le dijo que fuera a Fossano para anunciar la justicia de Dios y advertir que habría grandes azotes si no se hacía penitencia.

Dicho esto, la Señora desapareció y Bartolomé corrió a contar la historia. Sus conocidos, al oírlo hablar, se escandalizaron y los más bondadosos lo instaron a cumplir la misión que se le había encomendado.
Así, Bartolomé recorrió las calles de la ciudad para proclamar la penitencia y exhortar a los cristianos a abandonar el camino del pecado, amenazándolos con los castigos de Dios. Pero nadie le hizo caso y, desanimado, cansado y hambriento, después de tres días regresó al lugar del prodigio y allí se quedó dormido en el suelo.

Y fue allí donde tuvo lugar un nuevo milagro. La Señora, que no abandona a sus fieles, se le apareció por segunda vez, ya no vestida de blanco sino de azul, le dio pan, repitió el orden de la primera vez y desapareció. Bartolomé, al despertar, encontró comida y dio gracias a la divina benefactora.

Llevó parte del pan a su amo y a los vecinos y les recordó las amenazas del Señor. Pero, una vez más, nadie le creyó. Tan solo seis meses después, en octubre del mismo año, una terrible plaga asoló Fossano y sus alrededores. Hubo miles de víctimas, la desolación, la muerte y la tristeza recordaron a los habitantes de Fossano las palabras del pobre Bartolomeo, quien había profetizado estos castigos.

Decidieron entonces seguir su consejo y la plaga remitió. En memoria de este acontecimiento prodigioso, erigieron una pequeña capilla en el lugar de la aparición de la Virgen, dedicándola a la Reina del Cielo.

En 1600, los Hermanos Agustinos de la Congregación de Génova llegaron a Cussanio y construyeron el gran complejo monástico junto al santuario. Durante la Revolución Francesa, el convento y la iglesia fueron suprimidos y los edificios abandonados por la fuerza.

En 1872, el obispo Emiliano Manacorda, amigo personal de San Don Bosco, llegó a la diócesis y reclamó la propiedad del monasterio, que había sido confiscada injustamente por el Estado. 
Procedió a la renovación completa del santuario. Las obras comenzaron poco después de 1875 y se prolongaron durante unos veinte años, incluyendo la elevación de la majestuosa cúpula y la reconstrucción de toda la fachada. 
Se amplió la nave, se construyeron dos naves laterales y el interior se adornó con altares, esculturas y pinturas.
 Dos de las pinturas, atribuidas al pintor Giuseppe Barotto, representan las dos escenas mencionadas anteriormente y se conservan actualmente en la iglesia.




Nuestra Señora de Myans, Savoy, Francia (1249)

9 de Abril



El abad Orsini escribió: «Se cree que esta imagen, en el año 1249, impidió que el trueno, que ya había azotado la ciudad de Saint-André y dieciséis aldeas, avanzara más y fue la causa de que se detuviera en Myans».

Nuestra Señora de Myans, en Saboya, se encuentra en una pequeña colina entre Modane y Chambéry, cerca del túnel de Mont Cenis. Es fácilmente reconocible por la enorme estatua de la Virgen María que corona el campanario del santuario. El santuario ha sido lugar de peregrinación desde al menos el siglo XIII, y su pequeña «Virgen Negra» era objeto de la devoción de San Francisco de Sales.

Si bien la fundación del santuario ya no se recuerda, la iglesia se hizo famosa por un milagro que tuvo lugar allí en 1248.

En la noche del 24 de noviembre de ese año, un tremendo terremoto sacudió la región, provocando que el Mont Granier, la montaña más alta del macizo de Chartreuse, se desintegrara en enormes rocas que se precipitaron al valle. Algunas de estas rocas tenían el tamaño de una casa, y 16 pueblos quedaron arrasados, con la pérdida de 5000 vidas. La iglesia de Myans, sin embargo, se salvó, gigantescas rocas se detuvieron abruptamente en la misma puerta. Algunas de estas rocas aún pueden verse en los alrededores de la iglesia.

En 1534, se produjo una respuesta milagrosa a la oración de Jean Grandis de Saboya, quien viajaba en un barco de Génova a Livorno. Cuando el barco se vio amenazado por una tempestad y parecía a punto de hundirse, Jean Grandis invocó a Nuestra Señora de Myans, Reina de Saboya. Azotado por las olas, el barco naufragó y se hundió. Jean Grandis fue el único superviviente. En señal de agradecimiento, viajó descalzo al santuario y depositó allí su exvoto. Se dice que es uno de los más antiguos que se conservan.

Otro milagro atribuido a Nuestra Señora de Myans fue el del hermano de San Francisco de Sales, el conde Luis de Sales, quien en 1603 viajaba al castillo de Cusy para casarse con Claudine Philiberte de Pingon. Al no haber ningún puente a la vista, el conde intentó cruzar el río Querán por un lugar que consideró poco profundo y seguro. Sin embargo, el Conde fue arrastrado por la crecida. Invocando el nombre de Nuestra Señora de Myans y prometiendo peregrinar, fue arrojado repentinamente a un obstáculo que le salvó la vida. La ceremonia nupcial se celebró el 2 de abril. Al día siguiente, San Francisco de Sales ofreció una misa de acción de gracias en la pequeña capilla de la cripta ante la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Myans.

La Virgen Negra de Myans, venerada en la cripta (iglesia inferior), es una estatua de madera de 70 cm de altura que representa a la Virgen sentada. Data de alrededor del siglo XII. Con su brazo izquierdo, presenta al Niño Jesús sentado sobre sus rodillas. Bajo los rígidos pliegues del manto, los detalles de las posturas se desvanecen y la Virgen parece estar de pie. Es una Virgen de majestad. El manto de la estatua es de fina tela dorada moiré, que deja ver un vestido de tela plateada. El conjunto constituye un adorno real. La Virgen fue coronada el 17 de agosto de 1905 por decisión del Papa Pío X, quien delegó para ello al Cardenal Couillé, Prelado de las Galias y Arzobispo de Lyon, rodeado por cinco obispos y más de 20.000 fieles.

La iglesia quedó parcialmente destruida durante la Revolución Francesa, pero la estatua se salvó y posteriormente fue colocada de nuevo en el edificio restaurado, donde fue coronada en 1905.
El santuario es un lugar de peregrinación muy visitado, y la imagen fue llevada a Roma por una peregrinación saboyana para la definición del Dogma de la Asunción en 1950. En la entrada del coro se evoca el desastre del deslizamiento de Granier. En la bóveda de la nave de la iglesia inferior se encuentran pintadas diez figuras inolvidables de santos y beatos de Saboya y el Delfinado, entre ellos San Francisco de Sales (1567-1622) y San Luis de Saboya (1462-1508). En 1855, el campanario, parcialmente demolido durante la Revolución, fue erigido en su forma actual para servir de pedestal a una estatua monumental que lo corona. Esta estatua, realizada en París por el escultor Louis Rochet, fue inaugurada el 17 de octubre de 1855. Es de bronce dorado, mide 5,25 m y pesa 3 toneladas. La Virgen sostiene al Niño Jesús en su brazo izquierdo, mientras que su brazo derecho está extendido como en señal de bendición. Luce la corona ducal, emblema de su soberanía sobre Saboya. Está vestida con el traje del siglo XIII, época del desastre de Granier.

Nuestra Señora del Valle, Sicilia (1040)

8 de Abril


SU HISTORIA:
Un soldado llamado Dionisio, se quedó en la isla de Sicilia, seducido por el dinero, se dedicó al bandidaje. Dionisio encontró una cueva en Aci en la que ocultarse junto con los objetos que robaba.

En ese momento había un hombre llamado Giles, que vivía en la ciudad de Catania. Tuvo que viajar por negocios a Aci, pero sabiendo del peligro que corría su vid, se encomendó a la Santísima Virgen María.

Dionisio lo asaltó violentamente pero de repente, la tierra se estremeció violentamente y una luz cegadora apareció. Desde el interior de la luz, la voz de una mujer se podía escuchar:
«Dionysisus, Dionisio, no toques a mi devoto.»

El brazo del asesino fue congelado por el comando. Se volvió y miró a su alrededor
«Baja el arma – y deja esta vida de bandidaje.»

A estas palabras, Dionisio vio en un instante la monstruosidad de lo que había sido su vida pasando ante sus ojos. Lanzó lejos su cuchillo, humildemente reconoció los errores de su vida anterior y se postró a los pies de su víctima, pidiendo su perdón.

Dionisio se retiró solo a su cueva para llorar por sus pecados. Conociendo su sinceridad, la Santísima Virgen María se le apareció para consolarlo. Ella le instó a confiar en la bondad y la misericordia de Dios e ir de inmediato a la confesión. Ella también pidió que se construyera una iglesia en la colina de Valverde con la riqueza que Dionisio había obtenido a través de su vida de crimen.

Después de lo sucedido, los fieles de Aci hicieron procesión al condado de Valverde. Una vez en la colina observaron una bandada de grullas ruidosa flotando en el cielo antes de aterrizar en un valle. Tomándolo como un signo, el bandido vuelto ermitaño empezó la obra de la construcción de la capilla en ese mismo lugar. A pesar de que comenzó a trabajar de inmediato, y con un impresionante fervor, el progreso pronto se detuvo debido a la falta de un suministro de agua.

Dionisio oró a la Virgen María, que una vez más apareció para ordenar se utilizara un pico para golpear en la base de la roca que forma la entrada a la cueva de los bandidos. El resultado del golpe fue un hilo de agua que formaba un conjunto suficiente no sólo para la continuación de la obra, sino que también ha demostrado ser milagroso, ya que pronto se convirtió en una fuente de curación para muchos de los enfermos que vino y bebió allí. Así que mucha gente vino a ayudar a que el trabajo que se había iniciado en el año 1038 se terminara sólo dos años más tarde.

EL PRODIGIO EN EL PILAR
Una vez terminado el templo, faltaba un icono que simbolizara la presencia de la Madre de Dios en aquel lugar. El penitente Dionisio vivía con este ardiente deseo; por lo tanto, su oración era constante y llena de fe. Y la Virgen, una vez más, obraría el milagro, imprimiendo su efigie en el pilar desnudo de la iglesia, para que fuera un signo de su presencia y, al mismo tiempo, una invitación a cambiar de vida y ser mejor persona.

Una luz tenue inundó el lugar sagrado y una dulce visión se presentó ante sus ojos extasiados: la Virgen María, rodeada de ángeles y en medio de armonías celestiales, le aseguró con ternura su protección y misericordia.
El domingo por la mañana, el penitente Dionisio, recuperado del asombro de lo que había contemplado durante la noche, volvió a fijar su mirada en el pilar. ¡Un milagro de amor y de la grandeza de la fe! La visión celestial se había impreso en él, y la Virgen María, Nuestra Señora de Valverde en el barrio de Fontana, había dejado su huella. El pilar del templo se había convertido en el Santuario de María, y Valverde ya tenía a su Reina.

Detengámonos un momento para contemplar y admirar a esta Virgen con su " dulce mirada " y la " grulla peregrina ". Divinamente pintada sobre piedra, irradia ternura y dulzura.

¡Es hermosa! Tiene una sonrisa reconfortante que invita a la reflexión. Revela el alma. Sentada, sostiene al Niño Jesús, de singular ternura, quien bendice con su mano derecha y acaricia una pequeña grulla con la otra, un recordatorio del milagro, pero también un símbolo del alma perdida que encuentra refugio y protección en el amoroso cuidado de María.
La Virgen viste una túnica rosa, mientras que un manto azul oscuro cubre sus hombros y rodillas, y un velo blanco marfil cubre su cabeza. Posee una majestad maternal. Vela por ti y te protege.

Ojos profundos y penetrantes, capaces de cautivar, pero sobre todo de amar; cabello castaño oscuro, mejillas sonrosadas, una mirada tierna que parece seguirte a dondequiera que vayas a admirarla. Es de una belleza impactante y encarna toda la belleza celestial que puedas imaginar.

Monseñor Luigi Bignami, arzobispo de Siracusa, al llegar al santuario exclamó: " Esta es verdaderamente la fotografía de la Virgen que vive en el cielo ".

Y en realidad, esta Virgen " de dulce mirada " conquista y enamora. Es difícil desprenderse de ella; uno permanece como hechizado. La iglesia se quedó pequeña y surgió la necesidad de ampliarla. Sin embargo, surgió una dificultad: la ubicación descentrada del pilar con el fresco de la Virgen. Era necesario moverlo, pero esto era muy peligroso.
Se decidió rehacer la pintura. Pero todo fue en vano; el pintor comenzó a trabajar y a la mañana siguiente la encontró arruinada. La idea se abandonó.
Quitar el pilar, por mucha habilidad que emplearan, fue un fracaso. Pero una noche, la Virgen se apareció a un humilde pastor llamado Damiano, a quien se le encomendó informar sobre un nuevo intento de quitar el pilar.

Hubo gran asombro cuando, tras iniciarse los preparativos necesarios, se vio cómo el pilar se movía por sí solo y se colocaba en la posición deseada.
Todos comprendieron que la Virgen moraba realmente en aquel templo. Por su intercesión, se produjeron muchos otros milagros en su santuario, y la Virgen de Valverde siguió siendo la patrona indiscutible del Vallis Viridis, un hecho cuya veracidad aún puede confirmarse hoy en día.




ORACION

Amada Madre, Nuestra Señora del Valle, a tu corazón maternal recurrimos seguros de ser escuchados y con confianza esperamos tu fiel ayuda.
Te pedimos que fortalezcas nuestras almas en la fe, para hacer frente con tu amorosa compañía a las pruebas que se nos presenten en esta vida, momentos de crisis, ansiedades, desesperanza, temores, amarguras.
Tenemos necesidad de sentir tu resguardo sobre nosotros para no sentirnos solos, que tu afecto materno nos infunda en nuestros corazones una mayor confianza.
Tu abandono a la voluntad Divina nos done la serenidad que buscamos.

Madre nuestra, madre de la esperanza, Reina de la Paz protege a nuestras familias, sostiene a los enfermos en su debilidad, a los ancianos y a los que se sientes tristes, ayuda a los jóvenes a mirar al futuro con gran confianza.
Somos como tu amado Jesús en tus santos brazos, nuestras almas se encuentran en un valle de paz cuando recurrimos a ti.
Madre nuestra, dulce Virgen María, ruega por nosotros
Amén.




Nuestra Señora de Puig-Valencia, España

7 de Abril

La fortaleza y la iglesia de Nuestra Señora de Puig se encuentran a poca distancia de Valencia; ambas datan de la época romana, cuando un templo de Venus se alzaba sobre la colina que dominaba el apacible valle. Con la llegada de los cristianos, se convirtió en monasterio.

En sus inicios, adquirieron la imagen de Nuestra Señora de Puig, en bajorrelieve, tallada en una losa de mármol, que se decía que formaba parte de la tumba de la Santísima Virgen María. Se desconoce con certeza cómo llegó a España, aunque los devotos insisten en que fue traída por ángeles. Fue el principal objeto de devoción en el santuario, que floreció y se embelleció hasta que el antiguo reino de los visigodos cayó ante los invasores musulmanes en el siglo VIII.

En el año 712 d. C., los monjes, con gran tristeza, enterraron su tesoro, junto con la campana de la iglesia, bajo el suelo del monasterio para protegerlo de la profanación, y huyeron para salvar sus vidas. Cinco siglos después, los moros fueron expulsados ​​de Valencia, y la placa de Nuestra Señora de Puig contribuyó a su liberación.

El rey Jaime I de Aragón, victorioso en otras partes de España, avanzó con sus ejércitos hacia Valencia. Los moros, con la intención de engañar a los cristianos y hacer que enviaran sus tropas al lugar equivocado, atacaron la antigua fortaleza de Puig. Esto se llevó a cabo con gran secretismo, pero la Virgen María advirtió a los cristianos y los ayudó a ganar la desesperada batalla.

San Pedro Nolasco, quien ayudó a fundar la Sociedad para la Redención de Cautivos bajo la guía de la Virgen María, se encontraba en Puig cuando tuvo lugar la batalla. Uno de los soldados se acercó a él y le contó que, durante su guardia nocturna, había visto luces extrañas sobre la antigua iglesia en ruinas de Nuestra Señora de Puig; a veces, las estrellas parecían descender del cielo y girar alrededor del edificio. Especialmente los sábados por la noche, se veían luces brillantes alrededor del monte de la iglesia.

San Pedro sugirió al rey que todos los soldados recibieran los sacramentos y oraran para discernir el mensaje de Dios. Tras esto, los condujo a la cima de la colina y les indicó que excavaran bajo el suelo del antiguo monasterio. Allí encontraron la placa y la campana, enterradas durante 500 años, pero intactas.

La placa fue llevada primero a la capilla de la fortaleza del castillo. Tan pronto como fue posible, se construyó una nueva iglesia en la montaña y se la confió a los mercedarios bajo la dirección de San Pedro Nolasco.

La antigua campana, cuya fecha de fundición se remonta al año 660, se encontraba en la torre de la iglesia. Se decía que esta campana era poderosa contra las tormentas y que siempre sonaba por sí sola en tiempos de adversidad. En 1550, la campana se rompió y se fundió una nueva con los fragmentos de la anterior.

La iglesia construida por San Pedro Nolasco se llamaba "la cámara angélica" porque a menudo se oía cantar a los ángeles allí por la noche, especialmente los sábados.

Nuestra Señora de Puig ha sido la patrona de Valencia durante siglos, y no hace más que 1935 fue honrada por los Ejércitos españoles, que han portado su imagen en numerosas batallas victoriosas. En aquel entonces fue nombrada General del Ejército e invocada como patrona en la guerra cristiana contra el comunismo.

*de La mujer en órbita

Nuestra Señora de la Concepción, Flandes (1553)

6 de Abril
El Milagro de Empel: 300 años antes de la proclamación del Dogma



Ocurrió los días 7 y 8 de diciembre de 1585, durante la Guerra de los Ochenta Años. 300 años antes de que se declarara el Dogma de la Inmaculada.

Un Tercio del ejército de español en Flandes lograba derrotar a una flota de diez navíos de los Estados Generales de los Países Bajos. Fue una de las grandes batallas de los Tercios, una batalla que no hay duda… se consiguió ganar gracias a la intercesión de la Inmaculada Concepción.

Ahí comienza la tradición española y el porqué el 8 de diciembre es Fiesta Nacional.

Las crónicas que cuentan este acontecimiento hablan de la importancia de dos personajes: Francisco Arias de Bobadilla (Maestre de Campo del Tercio Viejo de Zamora) y Felipe de Hohenlohe-Neuenstein (Almirante de los Estados Generales de los Países Bajos).

El Tercio español estaba bloqueado en la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal. Unos cinco mil hombres en una situación desesperada. Estaban cercados, no tenían casi víveres y las ropas estaban todas mojadas.

Felipe de Hohenlohe-Neuenstein hace una propuesta: una rendición honrosa. Los españoles contestan de manera clara. Así lo explica el almirante: "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos".

El almirante no tiene otra opción. Abre los diques de los ríos para inundar a los Tercios. La tierra comenzó a enfangarse y los 5.000 hombres se refugiaron en un pequeño montículo: el monte de Empel.

La Inmaculada
Comenzaron a cavar para construir una especie de dique, trincheras donde refugiarse. En esas estaban cuando un soldado tropezó con un trozo de madera: "¡Es la imagen de la Inmaculada Concepción!", gritó.

Los soldados de los tercios no podían dar crédito a lo que estaba sucediendo. Rápidamente Francisco Arias de Bobadilla, el Maestre de Campo, improvisó un altar. Colocaron la imagen y se encomendaron a la Virgen Inmaculada. No podía ser otra manera: esperaron a que ocurriera algo.

Y ese milagro ocurrió. Se levantó un fuerte viento inusualmente frío para la zona. Se helaron las aguas del río Mosa y los españoles marcharon sobre el hielo atacando por sorpresa a la escuadra enemiga.

La noche del 7 al 8 de diciembre 5.000 soldados derrotaban a toda una tropa de diez navíos de los Países Bajos. Tal fue la victoria que las crónicas afirman que el almirante Hohenlohe-Neuenstein llegó a decir: "Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro".

Ese día, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia.
Trescientos años más tarde, el 12 de noviembre de 1892 la Reina Regente María Cristina declaró a «Nuestra Señora la Purísima e Inmaculada Concepción» Patrona del Arma de Infantería.




¿Qué son las Advocaciones Marianas ?


FIESTAS MARIANAS EN EL CALENDARIO ROMANO GENERAL
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El propósito de la revisión del Calendario Romano General («el Calendario») era distribuir a lo largo del año litúrgico todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta la espera de su regreso en gloria (Marialis Cultus n.º 2, pág. 14). Las fiestas marianas se celebran dentro de este marco.

La cuidadosa revisión del Calendario tenía como objetivo asegurar la armonía y el equilibrio entre el culto a Cristo y la veneración de su Madre. Contrariamente a algunos mitos protestantes, los católicos no adoran a la Santísima Virgen María ni la consideran una diosa. Su lugar legítimo es el de Madre de Dios, pero, aún más importante, fue la primera y más perfecta de las discípulas de Dios en el Nuevo Testamento. El Papa Pablo VI afirmó en Marialis Cultus: «Este equilibrio puede tomarse como norma para prevenir cualquier tendencia (como ha ocurrido a veces en ciertas formas de piedad popular) a separar la devoción a la Santísima Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo» (Marialis Cultus n.º 4, pág. 15).

Para apreciar la importancia de la Santísima Virgen María en la Sagrada Liturgia, basta con consultar el Sacrosanctum Cocilum (La Constitución de la Sagrada Liturgia), el primer documento publicado en el marco del Concilio Vaticano II. Este documento introdujo profundos cambios en la disciplina de la Misa, pero no en la doctrina esencial que la sustenta. El párrafo 103 afirma: «Al celebrar el ciclo anual de los misterios de Cristo, la Santa Iglesia honra a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, con un amor especial. Ella está inseparablemente unida a la obra salvadora de su Hijo. En ella, la Iglesia admira y exalta el excelso fruto de la redención, y contempla con alegría, como en una imagen perfecta, aquello que ella misma desea y espera ser plenamente». Un tributo sumamente apropiado al importante papel que Nuestro Señor ha conferido a su Madre para la redención de la humanidad.

Tipos de fiestas
Según el Calendario revisado, existen cuatro tipos de «fiestas». Ordenadas por importancia, de mayor a menor, son: solemnidad, fiesta, memorial y memorial opcional. El término «fiesta» en este capítulo tiene dos significados. Primero, en los encabezados de cada día pertinente, se refiere a una fiesta propiamente dicha. Segundo, se utiliza en sentido genérico para referirse a una celebración, independientemente de su rango.

Fiestas marianas importantes
Según el Papa Pablo VI, en Marialis Cultus, las cuatro fiestas marianas más importantes del calendario son: la Maternidad Divina de María, la Inmaculada Concepción, la Asunción y la Anunciación del Señor (n.º 6, pág. 18). De estas cuatro fiestas, la Maternidad Divina de María, la Inmaculada Concepción y la Asunción son días de precepto según el Código de Derecho Canónico: Canon 1246(1). Sin embargo, la Conferencia Episcopal puede, con la aprobación previa de la Sede Apostólica, suprimir ciertos días de precepto o trasladarlos a un domingo: Canon 1246(2).

La verdadera devoción a la Santísima Virgen María se resume en la frase: «A Jesús por medio de María». Por ello, es apropiado que las fiestas marianas se celebren con el Santo Sacrificio de la Misa. De este modo, la devoción mariana conduce directa y claramente a Cristo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, como debe ser siempre en la verdadera devoción mariana.

Asimismo, varias fiestas marianas son fiestas conjuntas de María y su Hijo, Jesucristo; por ejemplo, la Anunciación. Esto se debe a que, inmediatamente después de que María consintiera en ser la Madre de Dios, tuvo lugar la Encarnación, es decir, Dios Hijo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se hizo hombre: un niño pequeño aún no nacido en el vientre de la Santísima Virgen María. De igual modo, en la Visitación de la Virgen a su prima Isabel, fue recibida como la Madre de Dios y Juan el Bautista fue santificado en el vientre de Isabel por la gracia del Divino Redentor, Jesucristo.

El calendario no incluye todas las celebraciones en honor a la Santísima Virgen. Corresponde a cada calendario incluir las fiestas marianas propias de las distintas iglesias locales. (Marialis Cultus n.º 9, pág. 20)

Una advocación mariana es una alusión relativa a apariciones, dones o atributos de la Virgen María. La Iglesia admite distintas advocaciones que significan la figura de la Madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que se guarda devoción de diversas maneras. Las Advocaciones son un título, referencia o nombre aludido que se otorga a un lugar, figura, imagen o recuerdo.

Llevan distintos nombres de acuerdo al lugar de devoción, aparición o patronazgo. Las advocaciones son una piadosa costumbre, pero es necesario conocer el verdadero sentido de ellas evitando las supersticiones y sobre todo, la confusión de significados.

Advocaciones Marianas: todos los nombres con los que se venera a María, madre de Jesús. Pero ¿cuántas son las Advocaciones Marianas? ¿De dónde derivan?

Desde los orígenes de la veneración dedicada a ella, la Virgen María ha respondido a muchos nombres diferentes. Se trata de los Títulos Marianos o Advocaciones Marianas, nombres que derivan de atributos que se refieren a María en las Sagradas Escrituras o en la veneración popular, o que derivan de características atribuidas a ella o de modismos del lenguaje común. Basta pensar en el término Madonna, muy utilizado en Italia, que deriva del latín mea domina, «mi Señora».

Algunas son advocaciones dogmáticas, derivadas de la presencia de María en los Evangelios y de la Liturgia: pensamos en la Virgen, Madre de Cristo, Inmaculada Concepción, Descendiente de David, Nueva Eva, Nuestra Señora.

Otras derivan de Advocaciones atribuidas por teólogos y Padres de la Iglesia a Nuestra Señora a lo largo de los siglos, como Regina Caeli, de donde procede la oración homónima con la que María es exaltada como Reina del Cielo el día de la resurrección de su Hijo, Stella Maris que indica cómo la Virgen encarna la esperanza y es una especie de estrella polar para los cristianos, especialmente para los que viajan por mar, o Torre de Marfil en las Letanías lauretanas, súplicas en forma de letanía dirigidas a Dios y a la Virgen nacidas en la Santa Casa de Loreto a partir de la primera mitad del siglo XVI, y que se dirigen a la Virgen María invocándola bajo numerosos títulos. En este caso la referencia es al Cantar de los Cantares y a las tres principales propiedades del marfil, el candor, la consistencia y el valor, todas ellas perfectamente adaptables a María. O incluso Virgen de los Dolores, o Nuestra Señora de los siete dolores, con referencia a los siete dolores que afronta María en los Evangelios.

Luego están las Advocaciones Marianas vinculadas a la devoción popular, a las imágenes sagradas o a las apariciones de la Virgen. Por ejemplo, Nuestra Señora de las Gracias asociada en muchos lugares con la fiesta de la Visitación de María a Isabel, el 2 de julio o el último día de mayo. La Virgen milagrosa nació en lugar de un evento que sucedió en Taggia, Liguria, en 1855, cuando los ojos de una estatua de María se habrían movido.

O pensemos en las Advocaciones Marianas ligadas a fenómenos naturales, como la Virgen del rayo, ligada a la leyenda según la cual en la provincia de Viterbo cayó un rayo sobre un árbol al pie del cual estaba colocado un edículo con la imagen de la Virgen y nadie sufrió daño alguno, o en la Virgen de las Nieves, por la milagrosa nevada que tuvo lugar el 5 de agosto, día de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, y que impulsó al Papa Liberio a construir la basílica de Santa Maria ad Nives sobre la colina del Esquilino en Roma, el santuario mariano más antiguo de Occidente.

La Virgen también se asocia a menudo con partes del cuerpo humano o, más generalmente, con la salud y las curaciones milagrosas, como la Virgen del Rescate, cuyo culto nació en Palermo en 1306, cuando la Virgen se apareció al monje agustino Nicola La Bruna para curarlo de una enfermedad incurable, o la Virgen de los Enfermos, que libró de la peste a la comunidad parroquial de San Bernardo en Vercelli en el año 1630.

Curiosas son las Advocaciones Marianas que hacen referencia al reino animal: la Virgen de la hormiga, que habría salvado a los habitantes de la zona de Offlaga, cerca de Brescia, de la carestía provocada por los demasiados hormigueros que infestaban los campos.

También son fascinantes las Advocaciones marianas vinculadas a la iconografía, como la Virgen de la pera, del cuadro del siglo XV que representa a la Virgen dando una pera al niño Jesús, símbolo de la aceptación por parte de este último del sacrificio por la redención de la humanidad, o María que desata los nudos, del cuadro de Johann Georg Schmidtner pintado en el siglo XVIII de donde se originó la famosa gran devoción mariana.

Finalmente están las Advocaciones marianas de tipo toponímico, que hacen referencia a lugares queridos por la Virgen o en los que se ha aparecido a lo largo de los siglos, como la Virgen de Loreto, Nuestra Señora de Lourdes, la Virgen de Fátima, la Virgen de Medjugorje, o Santa María del Mar, vinculada a la leyenda de la estatua de María y el Niño Jesús, pescada en el mar cerca de Salerno. O, nuevamente, Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de todos los católicos de habla hispana del mundo, especialmente de los residentes en América del Sur y del Norte, cuyo culto nació a partir de las apariciones que tuvieron lugar en México en 1531.

Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, debe su nombre al santuario ubicado en Aparecida, en el estado de São Paulo, donde en 1700 unos pescadores tuvieron una pesca milagrosa al encontrar entre sus redes una pequeña estatua de terracota de la Virgen. A medio camino entre la toponimia y la devoción podemos mencionar también la advocación mariana de la Virgen del Carmen, patrona de los carmelitas, y su culto nacido en el Monte Carmelo, donde se reunían los primeros monjes de la orden.

¿cuántas son las Advocaciones Marianas?
Muchas ¡imposible contarlas todos! Aunque quisiéramos mencionar sólo cuáles son los títulos o advocaciones que la Iglesia le ha dado a María, solamente en el Rosario leemos estas definiciones:

Santa María
Santa Madre de Dios
Reina del Cielo
Reina concebida sin pecado original
Puerta del Cielo
Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de pecadores
Reina de los Ángeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de todos los Santos
Reina del Santísimo Rosario
Madre de la Iglesia
Madre de la divina gracia
Rosa mística
Torre de David
Arca de la alianza
Virgen digna de honor
Virgen digna de alabanza
Virgen poderosa
Virgen clemente
Espejo de perfección
Sede de la sabiduría
Causa de nuestra alegría
Tabernáculo de la gloria eterna