Victoria sobre los Turcos por los Caballeros de Rhodes en 1480 a través de la intercesión de Nuestra Señora

27 de Julio

En el contexto de las cruzadas y la defensa del cristianismo en el Mediterráneo, destaca de manera significativa la victoria de los Caballeros Hospitalarios en el Sitio de Rodas en 1480, atribuida a la intercesión de Nuestra Señora de la Victoria. Este acontecimiento se enmarca en el período posterior a la caída de Constantinopla en 1453, cuando el sultán Mehmet II, conocido como el “Azote de Europa”, estableció la nueva sede del Imperio Otomano en la antigua capital bizantina.

En el año 1479, el Gran Maestre de los Hospitalarios, Pierre D’Aubusson, se encontraba en la isla de Rodas junto a sus caballeros, comprometidos en la defensa del cristianismo y en la lucha contra el Islam. Los caballeros hostigaban las rutas de navegación otomanas y participaban en ataques contra el Imperio Otomano. Ante la negativa de D’Aubusson a pagar tributo a Mehmet II y su continua resistencia, el sultán decidió emprender el asedio de Rodas.

Mehmet II, confiado en la superioridad de sus fuerzas, que contaban con más de 70,000 hombres y potentes cañones capaces de derribar las murallas de Constantinopla, inició el asedio en 1480. Los defensores cristianos, compuestos por unos pocos cientos de caballeros y aproximadamente 2,000 nativos, se prepararon para una defensa desesperada bajo el liderazgo de D’Aubusson.

El asedio comenzó con un intenso bombardeo contra la torre de San Nicolás. A pesar de las brechas abiertas en las murallas y los continuos intentos de los turcos de penetrar las defensas, los caballeros resistieron valientemente. La situación se volvió crítica cuando la torre de Italia comenzó a desmoronarse y las tropas otomanas lograron izar el estandarte del Islam en la torre. En ese momento crucial, D’Aubusson, junto a sus mejores caballeros, se lanzó a la defensa de la brecha, enfrentando a oleadas de jenízaros y otros soldados musulmanes.

Durante la feroz batalla, D’Aubusson fue herido gravemente por una lanza que atravesó su armadura, pero su valentía y resistencia inspiraron a sus hombres a continuar la defensa. En un momento de desesperación, cuando todo parecía perdido, se produjo un milagro. Según los relatos de la época, apareció en el cielo una cruz resplandeciente acompañada de la figura de una hermosa mujer vestida de blanco, con una lanza en la mano y un escudo en el brazo, seguida por un hombre vestido con pieles de cabra y una legión de guerreros celestiales con espadas flamígeras. Se trataba de San Juan Bautista, el patrón de la Orden de San Juan, San Miguel Arcángel y la Virgen María, la Reina del Cielo, en atuendo de batalla.

La visión celestial infundió pánico entre los turcos, que huyeron en desbandada, perseguidos por los caballeros de Rodas y sus aliados celestiales. La victoria fue total, y los otomanos sufrieron una derrota aplastante, perdiendo miles de soldados en su huida. D’Aubusson, a pesar de sus graves heridas, se recuperó y los Caballeros Hospitalarios renovaron su devoción a la Virgen María, a quien consideraron su protectora y a quien desde entonces llamaron Nuestra Señora de la Victoria.

La victoria en el asedio de Rodas en 1480 se conmemoró como un triunfo significativo de los cristianos sobre las fuerzas otomanas, atribuido a la intervención divina de la Virgen María y los santos. La devoción a Nuestra Señora de la Victoria se consolidó entre los Caballeros Hospitalarios, quienes continuaron venerándola como su patrona y defensora en la lucha contra el Islam. Esta intervención divina no solo salvó a Rodas de la conquista otomana, sino que también fortaleció la fe y el espíritu de lucha de los defensores cristianos en toda Europa.