(Schiedam, 18 de marzo de 1380 - Schiedam, 14 de abril de 1433)
Santa Liduvina de Schiedam , alma víctima nacida en Schiedam, Holanda en 1380, vivió en Holanda durante el Cisma Occidental mientras dos antipapas dividían la Iglesia. A lo largo de los ataques internos de la Iglesia, las diócesis cayendo a pedazos, la confusión extendiéndose como la pólvora y los laicos perdiendo la fe, Dios escogió a Santa Liduvina para convertirse en un poderoso instrumento de expiación por el bien de Su Iglesia. Santa Liduvina fue invitada a compartir el gran misterio de sufrimiento y amor de Cristo desde muy joven. Santa Lidwina nació en 1380 en Schiedam, Holanda, en el seno de una familia pobre, siendo la única hija de nueve hermanos. Lidwina era devota de la Santísima Virgen María y rezaba con frecuencia ante la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Schiedam. A los doce años, consagró su virginidad a Cristo.
En 1396, mientras patinaba sobre hielo, sufrió una caída y se fracturó una costilla. Aunque fue tratada por médicos, la costilla nunca sanó y desarrolló gangrena, seguida de numerosas complicaciones. Esta lesión la dejó inválida el resto de su vida. .
La pobre muchacha empezó desde entonces un horroroso martirio. Continuos vómitos, jaquecas, fiebre intermitente y dolores por todo el cuerpo la martirizaban todo el día. En ninguna posición podía descansar. La altísima fiebre le producía una sed insaciable. Los médicos declararon que su enfermedad no tenía remedio.
Liduvina se desesperaba en esa cama inmóvil, y cuando oía a sus compañeras correr y reír, se ponía a llorar y a preguntar a Dios por qué le había permitido tan horrible martirio. Pero un día Dios le dio un gran regalo: nombraron de párroco de su pueblo a un verdadero santo, el Padre Pott. Este virtuoso sacerdote lo primero que hizo fue recordarle que "Dios al árbol que más lo quiere más lo poda, para que produzca mayor fruto y a los hijos que más ama más los hace sufrir". Le colocó en frente de la cama un crucifijo, pidiéndole que de vez en cuando mirara a Jesús crucificado y se comparara con El y pensara que si Cristo sufrió tanto, debe ser que el sufrimiento lleva a la santidad.
En adelante ya no volvió más a pedir a Dios que le quitara sus sufrimientos, sino que se dedicó a pedir a Nuestro Señor que le diera valor y amor para sufrir como Jesús por la conversión de los pecadores, y la salvación de las almas.
Santa Liduvina llegó a amar de tal manera sus sufrimientos que repetía: "Si bastara rezar una pequeña oración para que se me fueran mis dolores, no la rezaría". Descubrió que su "vocación" era ofrecer sus padecimientos por la conversión de los pecadores. Se dedicó a meditar fuertemente en la Pasión y Muerte de Jesús. Y en adelante sus sufrimientos se le convirtieron en una fuete de gozo espiritual y en su "arma" y su "red" para apartar pecadores del camino hacia el infierno y llevarlos hacia el cielo. Decía que la Sagrada Comunión y la meditación en la Pasión de Nuestro Señor eran las dos fuentes que le concedían valor, alegría y paz.
La enfermedad fue invadiendo todo su cuerpo. Una llaga le fue destrozando la piel. Perdió la vista por un ojo y el otro se le volvió tan sensible a la luz que no soportaba ni siquiera el reflejo de la llama de una vela. Estaba completamente paralizada y solamente podía mover un poco el brazo izquierdo. En los fríos terribles del invierno de Holanda quedaba a veces en tal estado de enfriamiento que sus lágrimas se le congelaban en la mejilla. En el hombro izquierdo se le formó un absceso dolorosísimo y la más aguda neuritis (o inflamación de los nervios) le producía dolores casi insoportables. Parecía que ya en vida estuviera descomponiéndose como un cadáver. Pero nadie la veía triste o desanimada, sino todo lo contrario: feliz por lograr sufrir por amor a Cristo y por la conversión de los pecadores. Y cosa rara: a pesar de que su enfermedad era tan destructora, se sentía a su alrededor un aroma agradable y que llenaba el alma de deseos de rezar y de meditar.
Cuentan las antiguas crónicas que recién paralizada una noche Liduvina soñó que Nuestro Señor le proponía: "Para pago de tus pecados y conversión de los pecadores, ¿qué prefieres, 38 años tullida en una cama o 38 horas en el purgatorio?". Y que ella respondió: "prefiero 38 horas en el purgatorio". Y sintió que moría que iba al purgatorio y empezaba a sufrir. Y pasaron 38 horas y 380 horas y 3,800 horas y su martirio no terminaba, y al fin preguntó a un ángel que pasaba por allí, "¿Por qué Nuestro Señor no me habrá cumplido el contrato que hicimos? Me dijo que me viniera 38 horas al purgatorio y ya llevo 3,800 horas". El ángel fue y averiguó y volvió con esta respuesta: "¿Qué cuántas horas cree que ha estado en el Purgatorio?" ¡Pues 3,800! ¿Sabe cuánto hace que Ud. se murió? No hace todavía cinco minutos que se murió. Su cadáver todavía está caliente y no se ha enfriado. Sus familiares todavía no saben que Ud. se ha muerto. ¿No han pasado cinco minutos y ya se imagina que van 3,800?". Al oír semejante respuesta, Liduvina se asustó y gritó: Dios mío, prefiero entonces estarme 38 años tullida en la tierra. Y despertó. Y en verdad estuvo 38 años paralizada y a quienes la compadecían les respondía: "Tengan cuidado porque la Justicia Divina en la otra vida es muy severa. No ofendan a Dios, porque el castigo que espera a los pecadores en la eternidad es algo terrible, que no podemos ni imaginar.
En 1421, o sea 12 años antes de su muerte, las autoridades civiles de Schiedam (su pueblo) publicaron un documento que decía: "Certificamos por las declaraciones de muchos testigos presenciales, que durante los últimos siete años, Liduvina no ha comido ni bebido nada, y que así lo hace actualmente. Vive únicamente de la Sagrada Comunión que recibe".
Santa Liduvina, paralizada y sufriendo espantosamente en su lecho de enferma, recibió de Dios los dones de anunciar el futuro a muchas personas y de curar a numerosos enfermos, orando por ellos. A los 12 años de estar enferma y sufriendo, empezó a tener éxtasis y visiones. Mientras el cuerpo quedaba como sin vida, en los éxtasis conversaba con Dios, con la Sma. Virgen y con su Angel de la Guarda. Unas veces recibía de Dios la gracia de poder presenciar los sufrimientos que Jesucristo padeció en su Santísima Pasión. Otras veces contemplaba los sufrimientos de las almas del purgatorio, y en algunas ocasiones le permitían ver algunos de los goces que nos esperan en el cielo.
Dicen los que escribieron su biografía que después de cada éxtasis se afirmaba más y más en su "vocación" de salvar almas por medio de su sufrimiento ofrecidos a Dios, y que al finalizar cada una de estas visiones aumentaban los dolores de sus enfermedades pero aumentaba también el amor con el que ofrecía todo por Nuestro Señor.
Al meditar sobre la Pasión de Cristo con la ayuda de su nuevo director espiritual, el P. John Walters de Lyden, una chispa se encendió dentro de Liduvina , permitiéndole encontrar la felicidad en su dolor a través de la fortaleza, la paciencia y la confianza en la voluntad de Dios.
La verdadera paz cayó sobre Santa Liduvina después de recibir el regalo de las lágrimas. Entonces comprendió el amor y el cuidado incondicionales de Dios, que abrieron las compuertas a la renovación y la consolación.
Un día después de recibir la Eucaristía, lloró incontrolablemente durante catorce días. Esta experiencia inundó su espíritu de perfecto consuelo.
Como un manantial de agua purificadora, el descubrimiento de Liduvina de la fuerza redentora del amor le permitió volver a comprometerse con la oración, el ayuno y la penitencia. Cuanto más sufrimiento soportaba, más cerca estaba de la Cruz de Cristo.
Después de ocho años de sufrimiento, dijo: “¡No soy yo quien sufre; es mi Señor Jesús quien sufre en mí! “
Visiones de Santa Liduvina
Finalmente, Santa Liduvina fue agraciada con el don sobrenatural de visiones extáticas.
A menudo la visitaba su ángel de la guarda y los santos, y veía el cielo y el purgatorio. En su libro Saint Lydwine of Schiedam, Thomas à Kempis describió las increíbles visiones de Santa Lidwina:
“También vio cómo los santos mártires, confesores, profetas, vírgenes y otras órdenes de los bienaventurados disfrutaban de su gloria en sí mismos …
Cuando ella contempló estos gozos, muchos santos, dirigiéndose a ella con dulzura, la consolaron y, exhortándola a la paciencia, dijeron así: ‘¿Qué problema o daño tienen los que están aquí ahora, que en el mundo han sufrido tantas adversidades por ¿Cristo?’
Después de muchos coloquios familiares… la Madre de Cristo le dirigió estas palabras: ‘ Hija muy querida… que tu corazón se fortalezca en el sobrellevar los dolores; porque por estas cosas que ahora padeces, obtendrás una gran y maravillosa gloria’”.
Cambiaron al santo párroco que tanto la ayudaba, por otro menos santo y menos comprensivo, quien empezó a decir que Liduvina era una mentirosa que inventaba lo que decía. El pueblo se levantó en revolución para defender a su santa y las autoridades para evitar problemas, nombraron una comisión investigadora compuesta por personalidades muy serias. Los investigadores declararon que ella decía toda la verdad y que su caso era algo extraordinario que no podía explicarse sin una intervención sobrenatural. Y así la fama de la santa creció y se propagó.
En los últimos siete meses Santa Liduvina no pudo dormir ni siquiera una hora a causa de sus tremendos dolores. Pero no cesaba de elevar su oración a Dios, uniendo sus sufrimientos a los padecimientos de Cristo en la Cruz.
En una visión, se le mostró un rosal y escuchó las palabras “cuando este florezca, tu sufrimiento terminará”.
En 1433 dijo: “¡Veo el rosal en plena floración!”
Ese año, el domingo de Pascua, vio a Jesús acercándose a ella para administrar el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Santa Liduvina murió en paz y completamente envuelta en el amor de Dios.
Y el 14 de abril de 1433, día de Pascua de Resurrección poco antes de las tres de la tarde, pasó santamente a la eternidad. Pocos días antes contempló en una visión que en la eternidad le estaban tejiendo una hermosa corona de premios. Pero aun debía sufrir un poco. En esos días llegaron unos soldados y la insultaron y la maltrataron. Ella ofreció todo a Dios con mucha paciencia y luego oyó una voz que le decía: "con esos sufrimientos ha quedado completa tu corona. Puedes morir en paz".
La última petición que le hizo al médico antes de morir fue que su casa la convirtieran en hospital para pobres. Y así se hizo. Y su fama se extendió ya en vida por muchos sitios y después de muerta sus milagros la hicieron muy popular. Tiene un gran templo en Schiedam. Tuvo el honor de que su biografía la escribiera el escritor Tomás de Kempis, autor del famosísimo libro "La imitación de Cristo".
Aunque es reconocida principalmente como una "alma víctima" que sufría estigmas y visiones, su relación mística con la Virgen fue un pilar en sus décadas de postración en cama.
Aunque santa Liduvina soportó con valentía las heridas de la Iglesia perseguida, Dios la recompensó abundantemente con la vida eterna. Le permitió recibir todo lo que había sacrificado por el bien de la Iglesia y la salvación de las almas.
Oración
Santa Liduvina: Alcánzanos de Dios la gracia de aceptar con paciencia nuestros sufrimientos como pago por nuestros pecados y para conseguir la conversión y salvación de muchos pecadores.




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